DESPIERTA
que desentuma tu cuerpo, que descongele tu cerebro que no puede pensar,
y que no te deja vivir… más que en una triste oscuridad.
La soledad, en realidad no es soledad, es tu realidad,
es la lejanía a tu divinidad, es tu desavenencia, tu tristeza, tu mar.
¿Como es que tender alas para volar, si las he perdido?,
o quizá nunca percibí que las tuve?
Como un niño que no sabe cuándo es niño,
del valor de un cariño, del alimento, de su cuna, de su cuidado,
pero es feliz… con lo que tiene…
Un niño que se va a morir, también es feliz…,
con su dolor, con su ternura, con su inocencia,
y con el cuidado de Dios.
Un niño tiene un espíritu vivo, lleno de luz, de pureza.
Cada uno de nosotros es ese niño que Dios cuida, alimenta y protege,
mientras vive, mientras muere, no lo percibimos…
pero está ahí, protegiéndote y haciéndote fuerte.
¿Pero de donde se saca valor para continuar?
¿o fuerza para luchar?
¿Se necesita un porque o un para quién?
Primero será por tu propia vida, por tu propia fuerza y valor,
sin ti, tú mismo estas perdido, REENCUENTRATE,
en ti mismo, internamente, en tu vida, en tu destino,
en tu camino, en tu fe…
después caminaras y sabrás el camino,